martes, 22 de septiembre de 2009

Sea Feliz en solo cinco pasos

Prendo un cigarro, el sexto del día, y con la mirada recorro mi pequeño mundo: inventos a medio terminar, aparatejos inservibles desarmados, latas con piezas, piezas de lata, clavos, tornillos. Un tapiz de herramientas decora la pared.
Abro el manual cuya tapa reza “ Sea feliz en 5 pasos simples y sencillos”, y me pregunto cual será la diferencia entre simple y sencillo. Dejé en la página 1 y me propongo continuar, pausado, porque antes de empezarlo me prometí leerlo a conciencia, para no dar un paso sin haber comprendido bien el anterior.
Bueno dice así el párrafo que me toca en suerte: “ Podrás encontrarte en la vida ante situaciones adversas que te inspiren miedo o tristeza (por otras situaciones leer el capítulo: “situaciones misceláneas”), en estos casos lo mejor es correr. Lo importante es saber en que dirección, para ello no tienes más que saber buscar el cartel, que generalmente aparece a la derecha de la pantalla, si no lo encuentras cerciórate primero de que estés enchufado, luego asegúrate de que el interruptor este en la posición de “on” (encendido), si aun así no lo encuentras, puedes optar por recurrir a un técnico autorizado. Si por alguna razón correr no es una posibilidad viable, entonces puedes fingir que la situación no te afecta, con lo cual, a pesar de que tu alma esté sumergida en el terror, darás una buena impresión a tus semejantes quienes en mucho lo apreciarán. Si alguien, por error, te preguntara que como estás, recuerda doblar la boca, mostrando tus dientes colgate, y responder con natural serenidad “muy bien por suerte, la verdad que muy bien”. Si logras convencerlo con tan eficiente artimaña, de seguro no volverá a molestarte por un buen tiempo, si bien corres el siempre inevitable riesgo de que, dirigiendo la mirada hacia el suelo, y en un ademán que denota desgracia, sacudiendo su cabeza le diga a los demás que el ya había presentido que algo no estaba bien.”

Levanté la vista lentamente mientras cerraba el libro en la página 2, y trataba de comprender lo que había leído. Una cierta sensación de paz se apoderó de mi conciencia, ahora comprendía porque me había costado tanto vivir, tantas preocupaciones, tantos planteos! Y pensar que la solución había estado siempre allí, en 5 simples y sencillos pasos; y mientras pensaba todo esto, de golpe, como un rayo me asaltó una duda impostergable: ¿ eran 5 pasos simples y sencillos o sencillos y simples? Cavile largo rato sobre esto y sobre otras cuestiones Eduardianas que creí haber resuelto durante el día, pero que no lo estaban. Luego, desde luego, decidí dormir y eso es lo que me encuentro haciendo desde entonces.


Strangeman

Locos de Short

Locos vestidos de short corren cual turba por la verde colina, nadie sabe que esperar, la multitud pagó sus entradas por sistema payper-view, pero el papel no alcanzó para todos…seguro mañana saldrá en los diarios, pero los diarios no hablarán de ti( ni de mi)
Otra vez el mocoso de camisa rosada se agita callado entre los comunes, lo distingo siempre por eso, por su camisa rosada con la cicatriz de un logo que alguien descosió.
Ahora, volviendo a la verde colina, entre los locos de short, alienados, se ve como un alma perdida ¡qué curioso! parece rosada; del alma salen como brotes que giran en todas direcciones pero no conducen a ningún lado, pobre alma! Más allá de la colina se acerca caminando a paso lento, un lento sabio con su comitiva, que silenciosa lo sigue e imita en todos sus gestos; el sabio lleva una túnica naranja , la mansa muchedumbre, un atún y camarón , y una pera, pero bajo sus bocas.

Hubo, otra vez, un largo silencio, solo el tip tap incansable del tipitatero ambulante.
Entonces sucedió, se abrieron las cortinas y ¡ alcoyana! ¡que carambula! Siete juglares haciendo de las suyas. La multitud, que había comprado sus entradas en forma anticipada, reía, más bien se convulsionaba de la risa; muchos, caídos de sus butacas preferenciales, se retorcían en el piso preferencial y casi no podían respirar; realmente y perdón por la comparación, parecía una orgía; yo no tenía tan buena vista, pues había comprado por boletería común, y me habían sacado un ojo (de lo cara); por eso no entendía bien porque tanta risa, a mi por lo menos no me parecían tan graciosos, hasta que, de golpe, el cuadro se me aclaró, fue como entender en una milifracción de nanosegundo, que las bolas de los juglares( las que tiraban al aire, no las de ellos) no eran bolas ¡ eran las cabezas de los locos de short! ¡ con razón corrían tanto los shortudos!

Entonces, horrorizado, empecé a gritar, y corrí, y corrí y llegué a la colina, que ahora era roja, vaya a saber uno porque; a lo lejos aún divisaba la columna de seguidores de sabios que ahora caminaban presurosos; atrás, sola, quedaba aún el alma rosada, y un poco más atrás, casi en el mismo lugar el mocoso de camisa arruinada.




Strangeman